jueves, 20 de febrero de 2014

Mi opinión de inmigrante en Suiza

Llevo varios días con el tema del referéndum sobre la creación de cuotas para los inmigrantes en Suiza hasta en la sopa. Tras el día de la votación (el pasado domingo 9 de febrero) muchos familiares y amigos me han preguntado mi opinión sobre el asunto y cómo me va a afectar a mí. Por otro lado llevo varias semanas (las anteriores a la votación y las dos posteriores) oyendo/viendo programas y debates en Suiza sobre los mismo, porque mi novio ha decidido que se los quiere tragar todos... Además, hoy me han llegado los documentos para renovar la visa, lo que me ha hecho replantearme de nuevo el tema. Por eso, y aunque este sea un blog de viajes, he decidido hablar sobre mi opinión aquí, al fin y al cabo ser inmigrante también implica viajar.




Antes que nada me gustaría hablaros sobre qué se siente siendo inmigrante en Suiza. Llegué aquí hace casi 5 años (en abril me caduca mi primera visa por 5 años... madre mía como pasa el tiempo!). No vine buscando trabajo, si no por mi novio, que es suizo. Llevábamos juntos más de un año, y cada vez se nos hacía más difícil el vernos sólo cada dos o tres meses. Aunque tengo que reconocer que el hecho de no encontrar trabajo en España también precipitó un poco las cosas. Cómo el tenía un buen trabajo y yo ya hablaba alemán, la opción más lógica era que yo viniera aquí, así que me lié la manta a la cabeza y me mudé de nuevo a otro país.

Vivir aquí es como estar en otro mundo. Echo mil cosas de menos, pero hay otras que me gustan mucho más aquí. Que conste que hablo desde mi opinión personal cuando digo que los suizos me parecen mucho más cívicos que los españoles, no vaya a ser que alguien se me ofenda. Hay cosas que me tienen alucinada desde que llegue. Os voy a contar un par de ejemplos para que me entendáis.

Como aquel de que cuando llega la época de recoger los productos del campo, muchos granjeros ponen puestos a lo largo de la carretera con sus productos. Pero lo interesante no es que hagan eso, si no que lo dejen ahí, con una caja y el precio de cada producto y la gente que desea algo, para el coche, coge lo que quiere y deja el dinero en la caja. Siempre he pensado que si se hiciera esto en España al día siguiente no habría ni productos que comprar, ni dinero, ni caja.

O el ejemplo de algunos supermercados que venden plantas y las tienen expuestas en la calle. Cuando llega la hora de cerrar no las meten dentro del supermercado, si no que las dejan expuestas en la calle y nadie se las lleva. Me gustaría imaginar cuantas plantas quedarían si esto se hiciera en otros sitios.

O como la librería de segunda mano en Berna que tienen cientos de libros en estanterías, todos al precio de 2 francos. No hay dependiente, sólo dos cajas en la tienda donde la gente que se lleva un libro deposita sus dos francos.

Estas cosas me encantan. Y otra cosa que me encanta y me parece admirable es su sistema político, del que os hablo un poco más abajo. Pero antes quiero decir que no todo es jauja en el paraíso suizo y hay otras cosas que no me gustan nada. Por ejemplo su sistema sanitario a través de seguros médicos privados, a cada cual más caro. Es obligatorio tener un seguro médico, por el que se paga al mes entre 250 y 400 francos (dependiendo del cantón en que se este empadronado). Este seguro tiene una serie de franquicias anuales a elegir por el cliente, de entre 300 y 1500 francos. ¿Qué quiere decir esto? Pues que si hoy me pongo enferma y tengo que ir al médico, a pesar de la pasta gansa que suelto cada mes, los primeros 300 francos (o 1500 si tengo la franquicia más alta, que haría que pagase menos de seguro mensualmente) los tengo que soltar yo. Y a partir de haber llegado a la franquicia, cada vez que vaya tengo que pagar siempre el 10% del gasto. Vamos, que si me tengo que hacer por ejemplo una resonancia, que cuesta unos 2000 francos, aunque ya hubiese llegado a mis 300 francos anuales me tocaría pagar 200 francos más. Como veis no es el mejor sistema sanitario, está lejos del sistema sanitario español, gratuito para todos, que nuestro gobierno quiere ir desmantelando poco a poco. Por supuesto este sistema también tiene sus ventajas, y en lugar de tener que esperar a veces hasta 6 meses por ir a la consulta del especialista (como ocurre en España), generalmente en un par de días ya tienes cita. O si estás en el extranjero y te rompes una pierna, pues el seguro suizo te cubre los gastos médicos en el lugar en el que estés (siempre que no sean más caros de lo que podrías pagar en Suiza).

Bueno, me estoy yendo por los cerros de Úbeda. Antes de llegar al meollo de la cuestión os cuento un par de cosas más que no me gustan tampoco aquí; como el hecho de que haya que pagar por TODO, hasta el más mínimo trámite cuesta una pasta. Y en relación con la inmigración, el tema que quería tratar, pues a mi personalmente me ha dado la sensación de que en el aspecto laboral se me infravalorado por ser extranjera. Tengo dos carreras y dos masters, y hablo bastante bien alemán. A pesar de ello en casi 5 años sólo he tenido un par de entrevistas relacionadas con mis estudios (y no será por currículums enviados). Siempre me ha dado la sensación de que prefieren coger a un suizo antes que a un extranjero, aunque cumpla perfectamente los requisitos requeridos. Que conste que hablo desde mi experiencia personal, y tal vez otros extranjeros en Suiza no lo vean así. Creo que también depende mucho a la rama laboral a la que se pertenezca, y que si se es científico o ingeniero miran menos la procedencia que si se es profesor o trabajador social. Aceptan encantados la llegada de cerebros extranjeros que enriquezcan sus logros científicos. En resumen, en general casi todos los inmigrantes extranjeros que conozco en Suiza trabajan en limpieza o en hostelería, trabajos que por otro lado los suizos ya no desempeñan con gusto.

Ahora os hago un breve resumen sobre el admirable sistema político suizo para que captéis la importancia del referéndum que tuvo lugar hace un par de semanas. El Poder Ejecutivo es ejercido por un Consejo Federal formado por 7 consejer@s (elegidos por 4 años) que deben representar equitativamente las diferentes regiones y comunidades lingüísticas, pero también, y lo que me parece más interesante, todos los ideologías políticas. Nada que ver con España... En cuanto al Poder Legislativo, éste recae sobre las dos cámaras de la Asamblea Federal de Suiza. Para llevar cualquier cambio en la Constitución es necesario aprobarlo mediante referéndum y para realizar cualquier cambio en la ley es necesario la celebración de un referéndum. A través de estos referéndums los ciudadanos pueden impugnar cualquier ley votada por el Parlamento Federal y por medio de iniciativas introducir enmiendas a la Constitución. Esto ha sido lo que ha pasado en Suiza hace dos semanas, cuando el Partido del Pueblo Suizo (SVP), de ideología conservadora, impulsó una iniciativa para establecer una cuota anual de inmigrantes que pueden acceder al país cada año.

El referéndum dio un resultado que muchos suizos no se esperaban, quedando aprobada la iniciativa por una mayoría muy ajustada (50.3 a favor frente a 49.7 en contra). Creo que la acogida afirmativa a la iniciativa ha dejado descolocados a muchos, incluidos a los miembros del Gobierno que estaban en contra. Me parece que muchos suizos no esperaban que se fuera a aprobar la iniciativa, aunque yo sí me lo esperaba. Llevaba semanas oyendo hablar del tema, en debates televisivos y en familia, y todo me daba pistas en esa dirección. Incluso los padres de mi novio, que tienen a una en casa, critican bastante a los inmigrantes; aunque a mi ya no me consideran como tal y hablan del tema delante mío como si no me afectara o fuera sorda. Creo que muchos suizos se han formado una imagen falsa de la inmigración impulsada por ejemplo por partidos como SVP que sólo destacan la imagen negativa asociada a la inmigración y no se paran a pensar que los inmigrantes también impulsan el país. Por supuesto la UE, máxima afectada, no se ha hecho esperar y ya ha empezado a castigar al país helvético paralizando ciertos programas de ayudas.

Mucha gente, de aquí y de España, me ha preguntado mi opinión sobre la iniciativa. He de reconocer que aunque me molesta que se haya tomado esta decisión, también la puedo llegar a entender. Suiza es uno de los países europeos con mayor número de inmigrantes en proporción a su población. Vienen de todas partes, muchos europeos y también bastantes de África. He leído que la mayoría de inmigrantes procedemos de la UE, aunque yo no lo había percibido así. Sí que es cierto que hay muchos alemanes e italianos (en los cantones limítrofes con estos países), pero yo tenía la impresión de que la mayoría de inmigrantes proceden de países de la antigua Yugoslavia. En el colegio donde trabajo se ve claramente la gran cantidad de inmigrantes que hay; me atrevería a decir que el 80% proceden de familias extranjeras, casi ningún niño de los que cuido es de una familia originaria de Suiza. De estos niños hay muchos procedentes de Albania, de Serbia y también de Somalia; familias enteras de hermanos, primos, tíos, abuelos... Esa es otra de las cosas que los suizos quieren cambiar, que no sea posible que un miembro de la familia venga a trabajar, generalmente uno de los progenitores, y que después se vayan trayendo a la familia al completo.

Los suizos tienen el convencimiento de que muchos de los inmigrantes que vienen sólo chupan del bote, que no trabajan y piden ayudas sociales. No conozco las estadísticas sobre esto, pero sí puedo decir que todos los que yo conozco trabajan o al menos lo intentan. Tal vez los suizos (y todos los otros europeos que han decidido atacar al inmigrante) deberían de pararse a pensar que si se nos diera una oportunidad muchos más trabajaríamos. En el caso de los inmigrantes preparados, nadie quiere trabajar limpiando baños o sirviendo mesas cuando nos hemos roto los cuernos estudiando como locos, y a pesar de eso muchos lo hacemos, porque preferimos trabajar en esas cosas a estar pidiendo ayudas del estado, de uno que ni siquiera es el nuestro. Yo llevo en Suiza 5 años y nunca he pedido ninguna ayuda, ni siquiera el paro cuando no conseguía ningún trabajo. Pero no todos los que llegan tienen la suerte de tener un novio suizo que les ayude en caso de no conseguir trabajo y se ven obligados a pedir el paro hasta que consigan algo. Con esto no quiero decir que no haya inmigrantes que no trabajen por gusto y vivan de las ayudas sociales suizas, haberlos haylos, como todo, pero seguro que también hay unos cuantos suizos de esos.

Por otro lado hay que reconocer que muchos inmigrantes no trabajan porque cuando llegan aquí no hablan el idioma y en esa situación es mucho más difícil encontrar un trabajo. Si se quiere salir adelante en un país extranjero es muy importante hablar la lengua, sobre todo en Suiza, donde le dan una importancia capital a esto. Incluso para convalidar muchos títulos universitarios se exige un nivel C2 del idioma, que sería como hablar el idioma al mismo nivel que un suizo. Hay que tener en cuenta que es este un país plurilingüe, y si a alguien le cuesta aprender alemán (porque, joder, que difícil es!), siempre puede intentar aprender francés o italiano. Y si no pones empeño en aprender la lengua del país para integrarte tal vez sí que sea mejor que vuelvas a tu país. Ese es otro de los motivos que enarbolan los suizos (y otros países europeos) contra la inmigración, la falta de integración de muchos colectivos. Los suizos están muy orgullosos de pertenecer a su país y muchos tienen miedo de perder su identidad frente al creciente número de extranjeros que traen nuevas costumbres y no están dispuestos a adaptarse a las costumbres suizas. Yo creo en la necesidad de integrarse, pero también en la necesidad de conservar la propia identidad, y lo importante es poder encontrar un punto medio que contente a los dos lados.

Hoy he leído un artículo sobre el efecto Pigmalión y las profecías autocumplidas, que es cuando una expectativa incita a actuar de forma que dicha expectativa se vuelva cierta. Uno de los ejemplos que dan sobre ello es que si creemos que los inmigrantes son vagos e incapaces de integrarse, lo más probable es que no estemos dispuestos a ofrecerles trabajo y a confiar en ellos, lo que les llevará más fácilmente a la marginalidad y al crimen, convirtiendo así el prejuicio en profecía autocumplida. Lo que quiero decir es que no se puede señalar al inmigrante, en Suiza o en cualquier otro país, como el causante de todos los problemas. Lamentablemente el rechazo al extranjero que se esta extendiendo en los últimos años por muchos países europeos me recuerda al rechazo a los judíos que se extendió en Europa en la época previa a la Segunda Guerra Mundial. La gente necesita buscar culpables, aunque los elegidos no sean en realidad culpables de nada y sólo sean cabezas de turco que se eligen para contestar la animosidad del pueblo insatisfecho. Pero muchos de aquellos europeos que señalan con el dedo a los inmigrantes no se dan cuenta de que sus pueblos también fueron una vez inmigrantes, en América, África u Oceanía, y que lo que ahora les quieren negar a otros no permitieron que les fuera negado a ellos en el pasado.

Pero volviendo al referéndum, sí que hay un punto en el que entiendo a los suizos perfectamente. Si se miran las estadísticas de los votos a favor de la iniciativa, la mayoría de los cantones a favor son los de habla alemana y el cantón italiano (Ticino). En estos casos hay una explicación más razonable, que sería la cantidad de italianos y alemanes (y en menor medida franceses) que trabajan en Suiza pero cuando se termina su jornada laboral se van a su casa en Alemania o Italia. Todos estos salarios son divisas suizas perdidas, ya que se producen en el país y se gastan prácticamente íntegros en los países vecinos. En este caso sí puedo llegar a entender el enfado de los suizos. Pero lo que no llego a entender es el resto de su rechazo. Los inmigrantes en países desarrollados contribuyen a mejorar unas pirámides de población envejecidas (que no se sabe si serían capaces de soportar el creciente numero de dependientes y pensionistas sin un mayor número de población activa) y además los inmigrantes suelen ocupar nichos laborales que los ciudadanos del país ya no quieren aceptar.

En resumen, después de esta larga carta de opinión que os he escrito, me gustaría decir que entiendo el punto de los suizos hasta cierto punto pero no lo comparto, y muchos suizos tampoco (ahí queda ese 49.7% de votantes que están en contra de la iniciativa). También tengo que decir que aunque nivel laboral no me haya sentido valorada por los suizos, en muchos otros ámbitos me he sentido valorada y bien acogida. Esperemos que esta nueva tendencia de rechazo al extranjero que se está extendiendo por Europa se controle y no llegue a mayores, y que otros países no tomen lo que está sucediendo en Suiza como ejemplo a seguir. De todas formas, y como dice mi novio, si Suiza es castigada por la UE y ve las orejas al lobo, siempre puede volver atrás a través de otro referéndum. Es lo bueno que tiene una democracia directa o semidirecta, que se respeta la opinión de los ciudadanos y no se aprueban leyes hechas acorde con la tendencia política del momento...

Antes de despedirme os dejo unos cuantos links sobre noticias relacionadas que me parecen interesantes:






"Viajar es fatal para el prejuicio, la intolerancia y la estrechez de mente" ( Mark Twain)

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